| Ada Luz: La niña de 'La Casa en el Aire’ |
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Ella me compraba vestidos bonitos, me los llevaba a casa, y me daba paseos no en un chevrolito, sino en un ‘topolino’ que compró. El problema era que conduciendo cruzaba sin pensar y me llevaba donde yo ni siquiera planeaba ir. Después crecí y me hice un poquito más grande que ella, creo que como 7 centímetros más, y creo que eso es bastante para que a uno lo respeten. No recuerdo bien que otro carro tenía, los años pasaban y el problema era el de siempre, me recogía en casa y cruzaba de nuevo por el sitio que no tocaba. Más tarde entendí la cosa, por ir con el bla-bla-bla, se le olvidaba para dónde íbamos, entonces volvía a cruzar precisamente por la esquina que yo no quería pasar y tocaba esconderme para que no me vieran. Ahí estaba y sigue estando pintada Ada Luz. Ada, - sin Luz- como le decimos sus hermanos; es risueña, le gusta mamar gallo como buena costeña, friega como nadie, le encanta hurgar en mis secretos del corazón y más que eso hurgar en mi celular cuando tiene más de un vino encima, causándome uno que otro lío con esas llamadas espontáneas a media noche, que asustan a cualquier mortal y despiertan a más de uno. Pero para ello es lo más natural su excusa es: “Estamos reunidos y nos acordamos de ti”. Claro que la que al final se acuerda es ella y termina fregándome a mí de paso. De esas llamadas viendo la luna radiante por la madrugada junto a mí, a mi hermano Marlon y su esposa Ledis Cecilia, no se ha salvado nadie. Ni político, compositor, empresario, amo de casa, ganadero, periodista o escritor. Cuando digo nadie, es nadie. El problema es que Ada no nació con esa ‘manía’ o mala costumbre’ como le hubiese dicho nuestro padre, a quien estoy segura jamás se le hubiese ocurrido llamar a esa hora con la excusa que nos acordamos de él, porque el grito de que “porque mejor no se acordaron en la mañana”, que nos hubiésemos llevado se habría escuchado hasta en el pico más alto de la Nevada, por no “respetar el sueño de los demás…carajo”. Pero bueno volviendo al asunto, pienso que la niña de ‘La Casa en el aire’ adquirió esa mala costumbre de un amigo muy especial que heredamos precisamente de mi papá, al cual queremos mucho. Se trata de Carlos “El Tigre” Castañeda, un personaje que vive en Bogotá o cualquier parte del mundo y tiene unos detalles muy similares a los de mi hermana. De él es muy común recibir una llamada a cualquier hora de la noche; eso sí con un disco de Escalona de fondo, para presentarnos cualquier personaje trátese de Ministro, General, actriz, Jeque, príncipe europeo, diplomático, Comandante o ex comandante de las FFMM de Colombia. Pero la cuestión es que el hombre en medio de sus traguitos nos recuerda y y llama siempre para que saludemos al amigo o los amigos con los que anda ‘emparrandado’ en ese momento. En una aptitud reciproca muy propia de ella, Ada Luz en una de esas noches se acordó del amigo ‘Tigre’ y también decidió llamarlo. Cuando quise reaccionar ya ‘manitos peligrosas’ conversaba divinamente a través de mi celular con nuestro amigo. En medio de la emoción le decía: “Tigre nos acordamos de ti, estamos aquí reunidos”; pero al parecer la cosa no pintó muy bien, hasta me atrevo a pensar que el tigre rugía tiernamente a lado de su tigra, cuando ella decidió importunar su sueño, porque sólo le escuchamos decir luego a la hermanita con voz de resignación y menos alegría: “Ahh bueno Tigrito hablamos mañana”. Le pregunté ¿Y qué te paso? En medio de una carcajada me dijo: “El tigre como que estaba muy dormido por que sólo me dijo, bueno mijita hablamos mañana, hablamos mañana”. Claro, todos estallamos en risa, al verle la conchudez al Tigre. Carajo, sabroso así. El si pudo despertar a Ada durante las últimas 204 semanas, cada vez que se le antojaba, y ahora no quería tomar de su propia medicina. Esa fue la anécdota que tuve para contar al resto de la familia durante toda la semana y otras tres más que siguieron. Mientras tanto, contrario a lo que yo pensara, la niña de ‘La Casa en el aire’, no se sentía para nada derrotada y ya tenía su plan B, para la próxima reunión y la nueva llamada que haría una de esa madrugadas al gran señor de las uñas largas. El día llegó. Fue el fin de semana que pasó cuando cráneo un asado junto a sus hermanos para el amor y la amistad. Después de hacerme la primera pilatuna de la noche, la acostumbrada llamada a los amigos, pasó al plan B; menos mal que expresó en voz alto lo que pensaba hacer: Voy a llamar al Tigre. Le advertí, si está durmiendo, te va decir mijita, mijita, hablamos mañana, hablamos mañana. No lo creas -respondió- porque aquí tengo a nuestro amigo el Cónsul Británico y se lo voy a pasar, así no lo conozca. Cuando inició su llamada con el acostumbrado "Tigrito aquí estamos reunidos", le volví a advertir, ya te va a despachar. Pero no, fíjense que no, al parecer la cosa se tornó interesante al comunicarle que junto a ella estaba el señor cónsul, que al igual que sus muchos amigos, que nos saludaban sin conocernos, él también deseaba hacer lo mismo con alguien que significaba tanto para nosotros. Es decir ahí encajaba perfectamente esa frase que expresa:" Los amigos de mis amigos son también mis amigos".
Pero la sorpresa fue mayor cuando el cónsul Franscis, un señor alto muy alto, de facciones muy latinas para ser ingles, amante de la buena mesa, quien amablemente se había convertido en el anfitrión de la noche sirviendo una exquisita carné asada, en un español no muy claro, le dijo: “Ohhh señor uñas largas, que placer saludarlo”, y continuó “Usted tigre amigo de los hermanos, hijos de Rafa, quererlos mucho, yo estar en Colombia, ahora ir Cartagena”. Se hizo un largo silencio y el hombre siguió hablando con ‘El Tigre’, en esa mezcla de español e ingles tan particular que pienso, sólo se hacía entender por su interlocutor. Al final se despidieron con la promesa de verse muy pronto, mejor dicho ya. La duda que nos quedó fue: -Sí ‘El Tigre’ Castañeda con todo lo buen anfitrión que es, creyó que ya el hombre estaba en Cartagena y a esa misma hora decidió mandar por él y esperarlo en su isla para no sólo “atenderlo como se merece”, sino también continuar la conversa. -Si el yate de ‘El Tigre’ amaneció estacionado en la playa del Hotel Cartagena Hilton esperando por el huésped. - Sí ‘El Tigre’ entendió el mensaje de la llamada y su conversación con el cónsul Francis. - O si al final Ada Luz al fin sintió que se sacó el clavo de la zafada de la otra noche. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
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