Los relojes de Escalona "Segunda Parte" PDF Imprimir E-mail

En una tertulia Vallenata comentaban la historia de unos relojes que enviaba el maestro Escalona a sus amistades –“¿quizá de dónde sacaba esos relojes el maestro?” comentó un amigo. La historia la tenía yo en mis manos, pues esa conversación con Ituango era reciente y cuento con una memoria de elefante, esto sin el ánimo de pisotear mi humildad.
Enseguida me puse en contacto con los que manosean las historias del mundo Vallenato y me contó el Turco,  que siendo cónsul el Maestro, él fue a Panamá y era Manuel Noriega (el cara de piña) el encargado de cuidar la seguridad del aeropuerto (Tocumen) y casi le decomisa un chivo salao y un queso viche que le llevaba al maestro y cree él que una encomienda que mando Escalona muy bien envuelta fue el primer cargamento de relojes que entraron a Valledupar, también supe que existían unas cartas que complementaban la historia de los relojes, que yo sabia de cabo a rabo por culpa de Ituango, y no dudé en buscarlas, llegaron a mi poder tres cartas, una de ellas, la de los relojes.
La carta
La carta la envía el maestro Escalona al pintor Molina, y tiene fecha de enero 17 de 1977,  dice así:
“Profesor Molina: yo supe que Ud. se ha puesto a difamarme por los relojes que yo en razón de obsequio, cosa que no hace Ud., mando a los buenos amigos como Julio Gámez y Armando Uhia. ¡No sea malo! ¡ Sea mejor persona!. No sea de Codazzi, no tenga alma de cachaco. Sea de Patillal. Sea como Chema Maestre, ejemplo de ternura; como Hernandito, ejemplo de nobleza; como Víctor Julio, hombre hecho trabajo; como Alvarito, conciencia libertina de una sabana; como El Turco, bondad y brujería personificada, y en fin, ¡sea de Patillal! Sea como Justa, Sara Daza, Lola Maestre, herederas de una tradición ejemplarísima y continuada por ellas, sea honorable profesor, como Pacha Martínez y Elina Molina, almas nobles y ejemplares. En fin sea bueno, pórtese mejor, no hable de los amigos desterrados, no desbarate con sus palabras las bellezas que produce su inteligencia obedecida por un pincel. Siga siendo artista pero no desconcertante.
Le transcribo parte de la carta con fecha de enero/77 que recibí de la comadre Consuelo. Dice así:…….. “advierto que no recibo ni acepto relojes. Jaime Molina me hizo cogerles un pánico a toda clase de relojes de los que usted envía de regalo a Valledupar, pues me contó que el que usted le envió a Julio Gámez después de varios procesos ante una inspección por quejas de los vecinos que se unieron para protestar, porque el ruido del reloj de Julio no los dejaba dormir, parece que estalló una noche en el brazo de Julio, sobre cargado de fuerza dinámica y esto le costo la perdida de la mujer  y de la casa…. que conste que esto lo dice Jaime Molina”
¿Usted cree profesor Molina, que esto es poca vaina? Pero yo bien se que es pura envidia que usted le tiene al reloj de Julio Gámez, ahí le mando,…. “Para que se le acabe la vaina” uno a usted, ojalá le estalle y salga volando como Ricaurte en San Mateo, con Alma, la Tata, y Diogenito prendidos en esos pantalones bolsú que usted manda a hacer a $12.
ATT Rafa.” Es esta la historia de los relojes del Maestro.  Agradezco infinitamente a Ituango por contarme esta hermosa historia y otras más, que también las escribiré, pues estoy investigando su veracidad; también gracias a Alma la madre de los hijos del pintor Molina, a Tata y Diogenito como dijo el Maestro, por atenderme ese sábado en su casa.  Son muchas las historias que se tienen que escribir porque descansan dormidas en un letargo de olvido, que se pueden ver despertar en una tradición oral que con el tiempo llamará la atención del mundo.
 

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